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1.369. Tierras yermas
resignadas al pastoreo. Encrucijada de caminos por donde discurrían mineros,
gente de la sierra, arrieros, comerciantes, braceros, segadores, pastores o
simplemente viajeros que ineludiblemente habrían de pasar por estos parajes del
condado de Niebla, un extenso territorio perteneciente a Don Alonso de Guzmán
el Bueno. Sólo a un avispado comerciante se le ocurrió poner aquí una
venta-mesón, en el viejo camino que desde las minas iba hasta el mar, a la que
puso por nombre Facanías y en la que se dedicaba a dar "muchos y variados
servicios a los miles de viajeros que por allí pasaban".
Un siglo más tarde, con el aumento de la población, comienza a llamarse
Valverde del Camino,
en la clara referencia a las dos características que distinguen a la ciudad: el
verdor de sus tierras y la suavidad de sus paisajes por un lado, y el camino de
tránsito obligado en busca de la Ruta de la Plata, por otro.
Comienza así la historia de un pueblo cuyo espíritu emprendedor y
tradición artesana continúa hasta nuestros días.
La llegada de los ingleses a Valverde para la
explotación de los recursos mineros de la comarca, supuso un nuevo impulso para
la actividad de sus gentes. El trabajo generado por las minas, la puesta en
marcha del ferrocarril de Buitrón y el aumento de otras muchas actividades
parejas, no pasaron desapercibidas para el valverdeño, que descubre la carencia
de un producto necesario: el zapato, y que, fiel a su personalidad, consigue
transformarlo hasta llegar a ser considerado un arte: el
de hacer zapatos.

Al principio, aquellos "maestros" o "banquilleros"
fabricaban zapatos en un rincón de su casa ("la banquilla") con la
ayuda de casi toda la familia.
Zapatos robustos, resistentes, capaces de aguantar las duras tareas del
campo, el monte o la mina.

Para atender los encargos que las mujeres valverdeñas traían de
comarcas y pueblos vecinos, pronto se crearon pequeños talleres de trabajo
donde algunos aprendían y otros perfeccionaban la artesanía zapatera. Así
nació el ya famoso Boto Campero, que en 1.873 un artesano de Valverde presentó en la exposición
internacional de Viena y obtuvo el primer premio. Fue este primer reconocimiento
internacional de Valverde del camino, hoy sinónimo de grandes maestros en la
confección de zapatos camperos.
Y todavía hoy, el arte de sus
manos sigue naciendo del corazón.
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